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Bad Bunny hizo historia al presentarse en el halftime del Super Bowl LX en el Levi’s Stadium, ofreciendo un show cargado de simbolismo y orgullo latino. Más que un espectáculo musical, su presentación fue un acto cultural y político en el que resaltó la identidad caribeña y el mensaje de que “todos somos América”.

El artista puertorriqueño integró elementos representativos de la cultura latina, como la pava puertorriqueña, figuras icónicas de la diáspora y referencias a las fiestas populares, además de momentos emotivos como la entrega de su premio Grammy a un niño afectado por políticas migratorias.

El show se dio en medio de un clima político tenso en Estados Unidos, marcado por discursos antiinmigrantes y críticas al uso del español en un evento de alcance global. A pesar de las reacciones negativas de sectores conservadores —incluido Donald Trump—, la presentación fue interpretada como una protesta simbólica donde el amor, la diversidad y la cultura latina se impusieron al odio.

La participación de artistas como Lady Gaga y Ricky Martin reforzó el mensaje de unión cultural y diversidad, consolidando el halftime de Bad Bunny como uno de los más significativos y comentados en la historia del Super Bowl.

Silvestre Dangond une música y fútbol en “Ganas de tenerla”, una colaboración simbólica junto al futbolista colombiano Luis Díaz que conecta dos de las pasiones más profundas del país: el vallenato y el balompié. Más que una estrategia comercial, el proyecto funciona como un reflejo del imaginario colectivo colombiano, donde ambos lenguajes conviven como expresiones de identidad y orgullo nacional.

La canción, compuesta por Silvestre Dangond, Andrés Castro y Juan Shool, se mantiene fiel al vallenato tradicional y apuesta por una narrativa emocional cercana: el deseo, el esfuerzo y la celebración, sentimientos que encajan tanto en una parranda como en un estadio.

El videoclip, grabado en Ciénaga (Magdalena), cuenta la historia de un joven que sueña con ser futbolista profesional. El fútbol aparece como símbolo de identidad y esperanza, más que como espectáculo. En ese contexto, la participación de Luis Díaz no busca protagonismo: su aparición en el clímax del video refuerza el mensaje de unión entre música y deporte. Díaz no actúa, representa, sellando de manera sencilla y efectiva el cruce entre dos mundos que definen el sentir colombiano.