Bahamas, impotente ante Dorian

Antes de sentarse a llorar, en medio de la rueda de prensa del pasado domingo, el primer ministro de Bahamas, Hubert Minnis, envió un mensaje a las personas que se quedaron en las zonas en peligro por el huracán Dorian: “Este es probablemente el día más triste y peor de mi vida (…). Solo puedo decirles que espero que esta no sea la última vez que escuchen mi voz”, dijo.

Dos días después, aún no es claro para cuántos fue el final. La zona afectada por los vientos de cerca de 250 kilómetros que ayer golpearon primero la isla Gran Ábaco, y luego la Gran Bahamas (las dos que componen el país), se sumieron en un silencio por el corte de las comunicaciones en este lugar del Atlántico, cuyas víctimas recién comienzan a contarse.

En la tarde de ayer, el primer ministro volvió a hablar y confirmó, en principio, la muerte de cinco personas en las Islas Ábaco. “Las Bahamas están actualmente en guerra”, dijo, “están siendo atacadas por el huracán Dorian. Y, sin embargo, no tenemos un arma a nuestra disposición para defendernos de ese enemigo”.

Un mal creado

No es una novedad decir que Dorian es un enemigo creado por la humanidad. Así lo asegura Matías Alejandro Franchini, experto en cambio climático y profesor de la Universidad del Rosario: “Desde hace unos 20 años los modelos climáticos vienen anticipando un aumento en la intensidad y frecuencia de este tipo de fenómenos naturales extremos por el cambio climático”.

En el caso de los huracanes, explica, el aumento de la temperatura provoca una mayor evaporación de agua y la acumulación de humedad en la atmósfera sirve como combustible para los vientos.

Durante los últimos cuatro años, cinco huracanes han llegado a categoría 5 –con vientos de velocidades superiores a los 250 kilómetros por hora–. Se trata del lapso más largo registrado con al menos una de estas tormentas cada año, una situación que no se presentaba desde el periodo entre 2003 y 2005.

En este contexto, es natural que cada año se rompan récords. Dorian, por ejemplo, fue el huracán más fuerte en la historia de Bahamas en su máximo punto, con 297 kilómetros por hora en ese país. Otros huracanes devastadores como Katrina, uno de los más destructivos en la historia reciente de Estados Unidos, tocaron tierra con mucha menor velocidad: 225 kilómetros por hora, y pese a eso dejaron 1.836 muertos, según el reporte oficial de 2012.

Ayer, la tormenta disminuyó un poco la velocidad de sus vientos y pasó a categoría 4. Su desplazamiento también se redujo. Según el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos, la tormenta prácticamente se instaló en Bahamas, apenas moviéndose a velocidades de 7 km por hora a 2 km por hora, desatando una furia estática durante más de 24 horas consecutivas contra una isla que no estaba preparada para recibirla.

Sin posibilidad de ayuda

“Cualquiera que pueda ayudarme, es Kendra Williams. Vivo en Heritage. Estamos bajo el agua; estamos en el tejado. ¿Puede alguien ayudarnos o enviar una ayuda? Por favor. Yo y mis seis nietos y mi hijo estamos en el tejado”.

El mensaje de texto, enviado a la agencia de noticias AFP, fue una de las decenas de peticiones de auxilio que circularon el lunes por redes sociales.

La Cruz Roja señaló en la tarde que estimaban cerca de 13.000 viviendas destruidas solo en las Islas Ábaco, derribadas por vientos capaces de tirar al suelo barrios enteros, como sucedió con la casa de Marsh Harbour, una mujer de 35 años quien terminó montada en una escalera sosteniendo a un bebé de cuatro meses mientras abajo su casa desaparecía en medio del agua, según contó el periódico de ese país, Nassau Guardian.

La propia velocidad de los vientos impide, de momento, el rescate de las víctimas. En su conferencia de prensa del domingo, el primer ministro dijo, ante la pregunta de un periodista sobre el plan de rescate: “Son vientos de 250 km por hora. Si mañana te pido que vayas a rescatar a esas personas, ¿irías?”.

No hubo respuesta. Por ahora, las posibles víctimas siguen ocultas por la furia del viento, por un enemigo creado por la humanidad al que ahora se ve obligada a mirarla con resignación

fuente el colombiano

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