Putin vuelve a Crimea para recuperar la popularidad perdida

Los motores han vuelto a rugir en la tranquila península de Crimea, y esta vez sí era un ejército civil. La banda de motociclistas pro-Kremlin Lobos de la Noche organizó este fin de semana un concierto de celebración en las afueras de la ciudad de Sebastopol para celebrar la fecha más importante del calendario. El presidente ruso, Vladimir Putin, visita este lunes la península ocupada para conmemorar el quinto aniversario de la firma del tratado sobre la incorporación de esta república a la Federación de Rusia, tras la celebración de un referéndum de adhesión considerado ilegal por las autoridades ucranianas y sus aliados occidentales. Putin vuelve al lugar de los hechos un año después de su contundente victoria en las elecciones presidenciales. La anexión de Crimea relanzó la popularidad de un presidente que había vuelto al Kremlin en 2012 entre protestas. Pero el efecto Crimea se ha agotado. La popularidad de Putin superó el 80% el año pasado: hoy está de nuevo en su suelo del 64%.

De nuevo con el viento demoscópico de cara, el Gobierno vuelve a jugar la carta del poderío militar. El líder del Kremlin acusa a Washington de violar el tratado INF y le advierte contra el posible despliegue de misiles de corto alcance en Europa, a la vez que intenta recuperar el apoyo ciudadano perdido proponiendo reducciones de impuestos y ayudas a pensionistas y familias. Su coro de voces gubernamentales y periodistas patrióticos siguen estos días amplificando su mensaje, advirtiendo a Washington de que si instala proyectiles de medio alcance en Europa -reduciendo a un puñado de minutos el tiempo en que Rusia puede ser objeto de un ataque nuclear- Moscú se verá obligado a desarrollar y desplegar armas atómicas capaces de atacar territorio norteamericano. En el primer canal de la televisión rusa los espectadores han visto una recreación por ordenador de su país destruyendo los centros de poder de EEUU.

RECHAZO AL AUMENTO LA EDAD DE JUBILACIÓN

Las mayores cotas de popularidad de Putin se han dado en momentos en los que la opinión general sobre EEUU era muy mala. Ahí ve el Kremlin una ventana de oportunidad, pero de momento no hay signos de que la jugada funcione. “Creo que los rusos se están cansando de Putin. Respetan lo que hizo en la década de 2000, cuando sacó al país del colapso y presidió un período de prosperidad sin precedentes. Pero sienten que tiene menos respuestas ahora, y su tiempo está pasando”, explica el escritor Mark Galeotti, que acaba de publicar una semblanza de el presidente ruso titulada ‘We need to talk about Putin’. “Putin es como el abuelo de la casa: le muestras respeto por lo que hizo, pero no necesariamente te diriges a él para pedir consejo“, añade Galeotti, que cree que Putin es con frecuencia malinterpretado en Occidente, donde es visto como un macho aventurero. En realidad “tiene aversión al riesgo” y sólo le gusta llevar a cabo jugadas maestras “cuando piensa que puede predecir las consecuencias”. Ahí la aparición de Donald Trump le supone un problema. Por eso Galeotti cree que “no debemos entrar en pánico” ante este nuevo despliegue de armamento: “Los nuevos sistemas de misiles que Putin anunció eran programas en los que ya se estaba trabajando o programas que probablemente no entrarán en funcionamiento”. Para este profesor del University College London “todo esto es más una cuestión política, que dice mucho sobre la falta de interés de Trump por los acuerdos internacionales, que el preludio de una verdadera carrera de armamentos”.

El principal motivo de la caída de Putin en las encuestas es la propuesta de las autoridades de aumentar la edad de jubilación de 60 a 65 años para los hombres y de 55 a 60 para las mujeres, anunciada el verano pasado. Según Andrey Kolesnikov, del Centro Carnegie de Moscú, “aquello fue un incumplimiento inesperado y flagrante de este paternalista contrato social no escrito de Rusia: el apoyo de la gente a cambio de la recreación del orgullo imperial y la provisión de beneficios sociales por parte del gobierno”. Frente a la realidad cotidiana, el llamado “efecto Crimea”, aquel subidón de nacionalismo “se ha convertido en una rutina, y muchos rusos se sienten fatigados por la lucha permanente con Occidente”.

Décadas después de la desintegración de la URSS, en aquellos días de 2014, la gente en Rusia tenía de nuevo la sensación de que todo era posible. De acuerdo con el periodista Mijail Zygar, la posibilidad de anexionarse Crimea había estado encima de la mesa por primera vez en diciembre de 2013, cuando el jefe del Consejo Supremo de Crimea, Vladimir Konstantinov, le dijo en Moscú al secretario del Consejo de Seguridad, Nikolai Patrushev, que “en el caso de un derribo del presidente ucraniano, Victor Yanukovich, Crimea estaría dispuesta a unirse a Rusia”. Putin ya había mencionado aquella posibilidad en 2008, cuando advirtió en un discurso ante líderes de la OTAN en Bucarest de que Ucrania se arriesgaba a perder Crimea y el este.

FUENTE EL MUNDO

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *