Misiles y comercio agudizan la pugna entre Pekín y Washington

El emplazamiento de misiles antibuque y antiaéreos en varias islas del Mar del Sur de la China ha agudizado la creciente rivalidad que se registra entre Pekín y Washington, añadiendo tensión a sus diferencias en torno a asuntos como el comercio bilateral.

La portavoz de la administración que lidera Donald Trump, Sarah Sanders, dijo este jueves que la Casa Blanca “es muy consciente de cómo China está militarizando el Mar del Sur de la China. Les hemos planteado directamente nuestra preocupación y esto tendrá consecuencias a corto y largo plazo”.

Según la cadena NBC, Pekín desplegó en los últimos 30 días cohetes del tipo YJ-12B, capaces de atacar navíos en un radio de casi 550 kilómetros, y HQ-9B tierra-airea con un alcance de más de 250 kilómetros, en tres islotes del archipiélago de las Spratly, conocido como Nansha en China.

“Sería la primera vez que colocan misiles en las Spratly”, puntualizó Greg Poling, un experto en esa región marítima del Centro de Estudios Internacionales Estratégico de Washington, citado por Reuters.

Una portavoz del ministerio de Exteriores chino, Hua Chuying, pareció reconocer de facto la presencia de este armamento en los 3 territorios isleños al afirmar que Pekín “detenta la soberanía indiscutible sobre las islas Nansha y las aguas del entorno”.

“El despliegue de instalaciones necesarias para la defensa nacional está destinado a salvaguardar la soberanía y la seguridad, que es un derecho de cualquier estado soberano. Ese despliegue no está dirigido contra nadie. Cualquiera no tenga la intención de invadir (las islas citadas) no tendrá que preocuparse”, añadió.

Otros cinco estados y la isla de Taiwán se disputan con Pekín el control de las Spratly/Nanshan, una pugna que se ha agudizado en los últimos años y ha derivado en un pulso cada vez más tenso entre China y EEUU que se opone a la expansión del estado asiático en esa estratégica zona marítima.

El gobierno que dirige Xi Jinping ya había reconocido en 2016 que había instalado cohetes similares en una isla de las Paracel, otra agrupación de isletas situada más al norte de las Spratly/Nansha.

Durante los últimos años, China ha construido toda una serie de instalaciones militares en esos enclaves que ahora se han convertido en lo que los analistas equiparan a “portaaviones terrestres” que le otorgan una enorme ventaja a la hora de defender sus reclamos para controlar todo el Mar del Sur de la China.

El propio almirante Philip Davidson, al que se ha nominado para hacerse cargo de la flota estadounidense del Pacífico, reconoció el mes pasado que China ya ha ganado esa disputa de forma casi irreversible.

“China es ahora capaz de controlar el Mar del Sur de la China en todos los escenarios que no sean el de una guerra con EEUU. Su ejército podrá usar esas bases para desafiar la presencia estadounidense en la región”, precisó el militar ante un comité del senado de su país.

Relaciones bilaterales tensas

La rivalidad en torno al Mar del Sur de la China es tan sólo un aspecto más de la dificultad que enfrentan las relaciones entre de ambos países, que tras un periodo de cierta aproximación propiciada por el encuentro personal entre Xi Jinping y Donald Trump, parecen haber entrado en barrena con diferencias cada vez más obvias en torno a temas como Taiwán, Corea, sus intercambios comerciales o incluso su mutua presencia en la nación africana de Yibuti, donde el Pentágono acusó a ciudadanos chinos de causar daños menores a dos pilotos de su país con punteros láser de tipo militar.

Las negociaciones para evitar una posible guerra comercial que mantuvieron durante dos días en Pekín una delegación estadounidense liderada por el secretario del Tesoro de EEUU, Steven Mnuchin, y personajes claves de la política comercial norteamericana como Peter Navarro o el Secretario de Comercio, Wilbur Ross, concluyeron en un virtual fracaso y con la agencia oficial china admitiendo abiertamente que hay “grandes diferencias” entre los dos países.

El equipo enviado por Trump exigió a China que reduzca en 200.000 millones de dólares el déficit comercial que sufre EEUU en su intercambio con el país asiático, una meta que la mayoría de los analistas financieros consideran prácticamente inalcanzable en los dos años de límite que quiere fijar Washington.

“EEUU está pidiendo algo imposible. Es algo poco realista, pero puede ser una táctica negociadora para comenzar desde muy alto”, opinó Tommy Xie, un economista del Banco OCBC de Singapur, en declaraciones a Reuters.

Aunque ambas partes acordaron continuar dialogando tras el regreso a EEUU de la comitiva norteamericana, lo cierto es que la falta de acuerdo hace que cada vez se acerque más la fecha del posible inicio del choque económico, ya que ya que los aranceles impuestos por Trump a todo un largo listado de productos chinos entrarán en vigor en las próximas semanas. Fuentes chinas citadas por medios locales indicaron que Pekín ya ha comenzado a aplicar restricciones a la importación de productos estadounidenses como la soja.

“China no puede prohibir de forma artificial ese comercio porque iría contra las normas de la Organización Mundial de Comercio y los mismos principios que nos enseñó EEUU. Es el libre mercado el que dicta la orientación del comercio”, explicó a la emisora CGTN, Liu Baocheng, un conocido economista chino.

La misma negociación en torno a Corea del Norte podría acelerar el declive de la influencia norteamericana en la región si resulta ser cierta la información apuntada por el diario ‘The New York Times’, según la cual Trump ha ordenado que el Pentágono prepare planes para reducir el número de soldados desplegadosen Corea del Sur, que ahora son 28.500, como posible medida para implementar tras su encuentro con Kim Jong-un.

Trump defendió durante su campaña presidencial que tanto Corea del Sur como Japón deberían asumir los costes de su propia defensa y se mostró partidario de un repliegue de las fuerzas militares ubicadas en esas naciones, una opinión que curiosamente compartía con muchos sectores progresistas del primer país y que también coincide con los intereses de China.

El Secretario de Defensa Jim Mattis también dijo recientemente que el futuro de las tropas estadounidenses en la Península “se va a negociar” tanto con Seúl como con Pyongyang.

Fuente El Mundo

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