Un metrocable para que nos miren diferente

Con la Línea H del metro, inaugurada el pasado 17 de diciembre, los habitantes de la parte alta de la comuna 8-Villa Hermosa ahorrarán tiempo y dinero en su desplazamiento hacia el Centro de Medellín y todo el Valle de Aburrá, pero esto no es lo que más les genera ilusión.

La gente de La Sierra y de su barrio vecino, Villa Turbay, a donde llega la última estación, no olvida que un documental publicado en el año 2005 y producido por Scott Dalton y Margarita Martínez marcó su destino. La sombra de la violencia, la delincuencia y la prostitución se posó sobre todos los habitantes de esta zona y lo sintieron. “La entrevista iba bien pero cuando uno contaba que vivía en La Sierra, ahí mismo le decían que ellos lo llamaban a uno, y nunca llamaban”, recuerda Angélica López, quien ahora tiene a pocos metros de su casa, la estación Villa Sierra, ubicada en la frontera entre estos dos barrios.

Angélica es optimista. Entre la angustia paciente que siente al ver que no la llaman de la EPS para avisarle cuándo la van a operar de un cáncer de seno que ya se le regó, también le cabe alegría porque cree que ahora que está llegando el “progreso” a este lugar los van a mirar diferente, que ya no los van a relacionar con “ese documental” sino con una estación del metro, que es mejor, dice. Además ve su negocio de variedades con más clientes en un futuro. Angélica no se rinde.

Lo pedíamos a gritos

Diomer Durango, presidente de la Junta de Acción Comunal de Villa Turbay, dice que los habitantes de la zona sí se sienten estigmatizados por la violencia, pero recalca que también “este territorio estuvo en el olvido por muchos años sin presencia del Estado, en cabeza del Municipio de Medellín, lo que nos hacía ser mas vulnerables ante tantas necesidades”.

Así lo sienten también Martha Nubia Arcila y su hijo de 21 años, Víctor García, quienes tuvieron que irse del barrio hace tres años, después de haber vivido diez y nueve en él, porque su casa estaba construida en una zona de alto riesgo.

Ahora viven en el barrio La Gabriela, en Bello, y la Twittercrónica los encontró estrenando el metrocable y visitando los lugares conocidos.

Víctor cuenta que a las horas pico las busetas que llegan al barrio quedan “como una lata de salchichas” y que las filas para abordarla s en El Palo con Los Huesos son muy largas y que a veces la gente se mete y no las respetan.

Después Martha ve pasar un taxi y le parece raro; recuerda que a los taxistas no les gustaba subir.

Por eso se sienten orgullosos de ver que el metrocable sí llegó a la zona como lo habían prometido. “Ahora sí no hay excusas para venir”, dice Víctor. No niega que mucha gente de la que conoció aquí ya no está porque en la época más violenta se fueron para otros barrios o para el cielo, pero para ellos siempre vale la pena volver.

Las cosas están mejor

Luisa también regresó. Un día, cuando era niña y salía de la escuela, quedó en medio de una balacera y su familia decidió irse. Pero hoy camina tranquila por las calles de su barrio y asegura que “’los muchachos’ están pero han perdido poder, territorio; están escondidos. Con estas obras se ve más gente de la Policía o del Ejército entonces los del barrio también dejan de darles poder. Antes había un problema y los llamaban a ellos; eso está cambiando. Es un proceso”.

Todo el mundo, invitado

En una ciudad (de las pocas) en la que su sistema de transporte se convirtió en un atractivo turístico, los comerciantes esperan que con el tiempo las estaciones Villa Sierra y Las Torres sean lugares muy concurridos, tanto por las personas de la zona como por turistas locales y extranjeros, así como ocurre alrededor de las estaciones de los metrocables que llegan hasta Santo Domingo Savio, el Parque Arví y La Aurora.

Con esa esperanza, hace un año que Juan Carlos Ramírez abrió una tienda justo al frente de la rampa de acceso a la estación Villa Sierra. Pero dice que ha estado aguantando porque esperaba que la abrieran hace varios meses, como tenía entendido que sería, y que además no ha visto tanta gente como esperaba después de la inauguración. “Por acá todavía está bajando la gente en los colectivos. Yo sospecho que es que no tienen Cívica o que les da perecita hacer varios transbordos o que el metro a veces esté tan lleno, pero, de todas formas, los clientes me hablan del metrocable con mucha expectativa”, afirma el tendero.

Y al frente de su negocio pasan intrépidos conductores en busetas que dicen “La Sierra”, todavía con bastante trabajo, y desde allí mismo se ven pasar cabinas del metrocable culumpiándose vacías. “A los dos transportes se les agradece que no nos toque subir por un pedrero como antes”, concluye Blanca María Carvajal quien vive hace 38 años en esta zona y va rumbo al Centro en metrocable.

FUENTE EL COLOMBIANO

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