Cuatro antioqueños dieron todo en pruebas Supérate con el Saber

Con cada nombre en la lista se siente más cercano un sueño infantil. No un sueño cualquiera (conocer al Pato Donald o tener un nuevo juego de video), un sueño de aquellos nacidos de una convicción especial, de una fuerza que pocas veces alcanzan los de los adultos, (estudiar en una de las mejores universidades del mundo, dominar campos en apariencia lejanos como la alta culinaria y las leyes del cosmos; conseguir para su familia aquello por lo que se han desvivido sus padres y solo tienen los ricos del pueblo) es el que se enciende con cada llamado entre los aplausos de la gente.

La lista que lee la ministra de Educación Yaneth Giha Tovar, es la de los 15 mejores estudiantes en las pruebas Supérate con el Saber 2.0, clasificados en cinco categorías: los tres primeros puntajes del grado tercero, del grado quinto, del grado séptimo, de noveno y de once. Dos antioqueñas, del colegio Jesús María de Medellín, están en esa selección final del concurso en el que participaron estudiantes de colegios públicos y privados en 22 departamentos del país.

“Pasamos de tener 188.000 participantes en 2014 a 654.000 en 2015 y un millón y medio en 2016. Esperemos seguir incrementando estas cifras para que sigamos con este programa aportar a la excelencia académica. Que no se nos olvide ese propósito”, señala la ministra. A la semifinal, en octubre, se clasificaron 950 estudiantes y viajaron a Bogotá, este fin de semana los mejores 50 para definir a los mejores.

Con cada nombre late más fuerte el corazón de un padre o una madre y de un profesor que han visto de cerca cómo crece un sueño.

“Los papás se ponen más nerviosos. Pienso que estarán felices”, dirá después entre cámaras y micrófonos Laura Jaramillo Amariles, de 16 años, de uniforme rosa, camisa blanca de manga corta, segunda en la categoría de noveno grado.

“Los míos se emocionaron porque sirvió todo lo que había estudiado. Se pelearon a ver quien venía conmigo”, cuenta Natalia Naranjo Rodríguez, de 13 años, la dueña del mejor puntaje del grado séptimo, que con el mismo uniforme que Laura y una sonrisa apenas aguanta el aire helado y la llovizna de afuera.

Beatriz Rodríguez se afirma en que su hija Natalia siempre ha mostrado capacidades para ser una ganadora en la vida. “Ella está muy feliz, que es lo más importante. Fuera de que son inteligentes también hay que brindarles espacio para que sean felices”, señala la favorecida en aquella particular controversia doméstica.

Lorena Amariles se define entre feliz, agradecida y orgullosa de ver que su hija va cada vez alcanzando sus metas. Ya en el grado quinto había quedado en tercer puesto y para el grado once espera ganarse una beca, ojalá aplicar para una universidad en el extranjero. “Estudiar en el exterior es una ilusión muy grande, es un sueño que ella tiene y nosotros la apoyamos. Laura es hija única, pero a los hijos hay que apoyarlos. Que vuelen lo más alto, hasta donde ellos puedan”, opina.

Con cada nombre fuera de la lista final, también se nubla una sonrisa aunque no para siempre. Kevin López Tabares, de 12 años, estudiante de La Salle de Bello, del grado séptimo, sabía de antemano que llegar hasta la final es todo un logro para él y su familia. Ya tendrá una nueva oportunidad. También para Laura Viviana Hernández Mena, de 8 años, del Colegio Cooperativo de Apartadó, de tercero; que se estriega los ojos, sentada en su puesto en el escenario. Seguro encontrará entre su amor temprano por los números, en la librería de sus padres, algo para seguir buscando volar más lejos. No llores, chiquita. La fuerza de tus sueños te llevará lejos.

FUENTE EL COLOMBIANO

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