La oferta de parqueaderos para bicicletas en Medellín se queda corta

Si bien desde la Administración Municipal invitan a la ciudadanía a desplazarse en medios de transporte amigables con el ambiente, como lo es la bicicleta, la ciudad no cuenta con la infraestructura suficiente para dejar el carro por el caballito de acero.

Además de los carriles exclusivos para ciclistas, los parqueaderos también deberían ser tenidos en cuenta a la hora de plantearse metas que apunten a la movilidad sostenible. Porque así como las vías, tener donde dejar el vehículo, es un factor que se tiene en cuenta a la hora de elegir en qué nos desplazamos.

Para Mauricio Mesa, coordinador del colectivo Siclas, los cicloparqueaderos deben ser pensados desde dos aspectos: la estancia y la ubicación. Porque no es igual dejar la bicicleta parqueada mientras se hace la fila en el banco, que para ir a trabajar.

“No es lo mismo poner un parqueadero donde nadie lo ve, oculto o escondido, que si lo pongo a la entrada de mi establecimiento público o privado, porque de eso depende que alguien se la pueda llevar”, señala el pedalista.

Mauricio aclara que la seguridad es un asunto de corresponsabilidad, así como la infraestructura, la guaya debe ser de buena calidad. Porque aunque el parqueadero esté en un lugar visible si no se usa una cadena fina y resistente, no se logra mayor protección.

“Se hizo una inversión grandísima de cicloparqueaderos en la Administración Municipal pasada, pero la ubicación fue fallida, porque se regó una cantidad en lugares donde nadie llega en bicicleta, mientras que en sitios como el Carlos E. Restrepo donde mucha gente va en bicicleta no hay”, sustenta el activista.

Actualmente, la ciudad cuenta con 45 kilómetros de ciclorruta y solo el 1 por ciento de los 50.000 viajes que se realizan diariamente en Medellín se hacen en bicicleta.

Carlos Cadena, coordinador del colectivo la Ciudad Verde, indica que además de la existencia debe ser tenida en cuenta la calidad de los cicloparqueaderos, porque muchos son pequeños aros de metal instalados en el piso, donde el ciclista se tiene que arrodillar y solo se puede amarrar la llanta. Lo cual es inseguro, porque el vehículo puede ser robado con más facilidad.

“Vale la pena hacer hincapié en la Ley 1811, que casi que obliga a instituciones públicas y privadas a cumplir con un número de cicloparqueaderos por número de parqueaderos para carros”, sustenta el urbanista.

Para Cadena, este año no hubo avances para incentivar el uso de la cicla, porque ningún centímetro de ciclorruta de la ciudad cumple con todas las características de calidad global; teniendo en cuenta que muchas están ubicadas en el andén, espacio reservado para el peatón y no en la calzada, para quitarle espacio al carro. Además no se han construido kilómetros de ciclocarriles .

FUENTE EL COLOMBIANO

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